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La impregnación


La técnica de la impregnación reposa sobre el poder que poseen los cuerpos grasos para absorber naturalmente los olores. Puede practicarse, según la diferente resistencia de las plantas al calor, en caliente o en frío.

La impregnación en caliente, o maceración, consiste en hacer una infusión con las flores u otros elementos odorantes en materias grasas, aceites o grasas, previamente calentadas. Las mezclas obtenidas se filtran seguidamente a través de tejidos, a fin de obtener ungüentos perfumados. Esta técnica, conocida desde la antigüedad, fue completada con el transcurso de los siglos con los progresos realizados en los otros métodos de extracción. El lavado mecánico con alcohol de estas pomadas perfumadas en las batidoras permite producir un extracto alcohólico perfumado después de la separación de los productos grasos y alcohólicos.

Las flores más frágiles, como el jazmín, la tuberosa, o el narciso, no soportan ser calentadas, desarrollándose igualmente la técnica de la impregnación en frío. Muy extendida en la región de Grasse hasta la primera mitad del siglo XX, esta técnica consiste en extender una capa de grasa inodora sobre las paredes de un chasis de cristal, el cual se cubre seguidamente con flores. Dichas flores se renuevan hasta que la grasa esté saturada de perfume. Las pomadas perfumadas obtenidas pueden utilizarse directamente para la fabricación de productos cosméticos. Tratadas con alcohol en batidoras para descargarlas de su grasa, permiten obtener, después de la evaporación, una esencia absoluta.

 
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