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La historia del Perfume: de la Antigüedad a la Edad Media

Una "industria" tan vieja como la humanidad

Si la palabra perfume viene del latín per fumum (por el humo), es porque mucho antes de que existieran las técnicas de perfumería modernas, los primeros perfumes se obtenían quemando maderas, resinas o mezclas más complejas. El hombre siempre ha estado expuesto a olores y, aunque la etimología no constituye una prueba en sí, podemos suponer que los primeros descubrimientos sobre la capacidad para generar nuevos olores se realizaron alrededor del fuego, añadiendo a éste hierbas, hojas y ramas de tal o tal especie vegetal.

El uso del perfume es pues contemporáneo de la creación de las primeras ciudades, teniendo entonces un objetivo esencialmente religioso, para comunicarse con los dioses o para permitir a los muertos unirse al mundo del más allá, esto último principalmente en el pueblo egipcio.

Egipto: centro antiguo del perfume

De todas las grandes civilizaciones de la Antigüedad, la egipcia es la que más marcó la historia del perfume. Incluso siendo mínima su influencia política y económica, hacia el final del imperio romano, Alejandría juega un rol determinante en la industria del perfume, gracias a sus corporaciones de perfumistas y alquimistas famosos.

Sería sin duda perentorio afirmar que la importancia de los perfumes en los ritos religiosos y funerarios constituye la única razón que justifica la inclinación de la sociedad egipcia por los productos perfumados, pero es seguro que este uso "místico" constituye un punto esencial.

El rito funerario del embalsamamiento necesita importantes cantidades de mirra, de diversos ungüentos y de aceites perfumados. Esta práctica post mortem, de igual modo que las ofrendas y la respiración de perfumes, ilustra la voluntad de esos hombres de acercarse al universo de los dioses escapando de la putrefacción fatal de su envoltura carnal. Algunos de esos ungüentos eran igualmente aplicados sobre las estatuas de las divinidades.

La mayoría de esos perfumes e inciensos eran entonces producidos a partir de flores (principalmente el loto azul, la mejorana o el iris) o de resinas, tales como la del pistachero (trementina), la del balsamero (mirra), la del styrax (benjui) o la de la jara (láudano).

Sin embargo, los egipcios no limitaban nunca el uso del perfume a fines exclusivamente religiosos. Aunque ciertos perfumes estaban efectivamente reservados a los ritos sagrados, otros se utilizaban en el marco de la vida cotidiana para curar o seducir, pero igualmente para mejorar el marco de vida doméstica, viviendo como los dioses en un ambiente perfumado.

Necesarios para los ritos religiosos y apreciados por sus virtudes médicas, los perfumes eran también utilizados abundantemente por los egipcios como medio de seducción, tanto masculino como femenino.

Grecia: los comienzos de la higiene y el culto al cuerpo

Como en muchos otros ámbitos, Egipto y Oriente transmitieron la ciencia de los perfumes a los griegos, los cretenses y los fenicios, sirviendo de intermediarios gracias a la importancia de sus relaciones marítimas. Los griegos importaron de Oriente y de África las materias primas necesarias gracias a sus factorías extendidas por todo el contorno mediterráneo, convirtiéndose finalmente en expertos en la elaboración de productos perfumados.

El carácter primeramente sagrado del perfume prevaleció y la literatura de la antigua Grecia ofrece una mitología del perfume que explica el nacimiento de tal o tal fragancia con ocasión de luchas entre dioses.

Sin embargo, el interés de los griegos por el perfume se orienta igualmente hacia la utilización de sus virtudes para otros fines: la medicina y la higiene corporal. Este fenómeno se aproxima evidentemente al culto al cuerpo, tanto masculino como femenino, el cual se desarrolla en la edad clásica.

La Edad Media y las influencias bárbaras

Romanidad contra bárbaros: el choque de los olores

La adopción del cristianismo como religión oficial hace retroceder el uso profano del perfume en el imperio romano y, cuando el Imperio se hunde bajo las invasiones bárbaras, las orgías de perfumes ya no son más que un recuerdo. Durante cierto tiempo, la influencia de las costumbres bárbaras conduce a un retroceso del uso de los productos perfumados, limitándose a la utilización de plantas aromáticas cultivadas en jardines cerrados, siguiendo el modelo de los jardines creados por Carlomagno en sus palacios y abadías.

Pero contrariamente a una idea difundida, la higiene sigue siendo una preocupación importante en esa época. Aparecen entonces los pomanders o pomas, bolas llenas de productos perfumados, cuyas exhalaciones se escapan a través de perforaciones realizadas en su superficie.

Sin embargo, numerosas fragancias quedan olvidadas en esos tiempos de repliegue sobre uno mismo, siendo solamente descubiertas de nuevo con ocasión de la reapertura de las rutas comerciales romanas para las cruzadas o durante el acceso a nuevas civilizaciones con ocasión de los grandes viajes de Marco Polo, o durante la República de Venecia. Venecia se convierte así durante un tiempo en el corazón del comercio del perfume.

 
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