Desde el siglo XVIII, las mujeres de la región lucen trajes de colores vivos y con motivos fascinantes. Las enaguas acolchadas de algodón estampado, combinadas con pañuelos plisados sobre los hombros, siguen siendo las piezas más emblemáticas del vestuario femenino durante todo el siglo XIX.
En el origen de la colección de Hélène Costa solo había unas pocas piezas, heredadas del guardarropa familiar, que ella llevaba con orgullo en su juventud. Tenía uno de esos rostros resplandecientes de la Provenza que la fotografía pudo inmortalizar en la década de 1950. A lo largo de toda su vida, se comprometió con la preservación y la búsqueda de las piezas más raras y excepcionales. Por los caminos de la Provenza, en busca de faldas acolchadas con motivos desconocidos, pañuelos de cuello ribeteados, guirnaldas de flores o capas con fondos estampados de colores intensos, Hélène nunca dejó de perseguir su objetivo.
Desde hace casi 20 años, son ahora sus hijas Anne, Agnès y Françoise Costa quienes continúan la colección iniciada por su madre y le dan una nueva dimensión. Cada año, disfrutan enormemente compartiendo con el público su colección a través de exposiciones temáticas tan diversas como variadas. Están profundamente convencidas de que la preservación del patrimonio histórico textil es esencial. A través de su colección, hacen renacer historias desaparecidas desde hace generaciones y crean un verdadero objeto de estudio sociológico y científico, compuesto por obras considerables que constituyen la diversidad de las identidades provenzales.